2006-06-09

Alzheimer, Rubén García García

Esa noche terminó de leer el libro del olvido, en el último instante las palabras jugaron como niños en las caracolas de su oído. Las luces se hicieron mortecinas y después sobrevino el silencio y la oscuridad; los ojos veían sin ver y el alma dejó de tener sentido.

Rubén García García